Profesor Bonaventura Bassegoda

Profesor Bonaventura Bassegoda

Le recuerdo alto y grueso, procaz, sentimental. Usted, entonces, era una autoridad en Cimientos Profundos. Inició siempre nuestra clase así: «Señores, buenos días. Hoy hace tantos años, tantos meses y tantos días que murió mi hija». Y solía secarse alguna lágrima. Teníamos veinte años, más o menos, y el hombre corpulento que usted era llorando en plena clase, nunca nos hizo sonreír. ¿Cuánto hace ya que usted no cuenta el tiempo? He pensado en nosotros y en usted, hoy que soy una amarga sombra suya porque mi hija, ahora hace dos meses, tres días y seis horas que tiene sus profundos cimientos en la muerte. * * *