Súplica

Súplica

De esta invernal mañana, amable y tibia, por favor, no te vayas, quédate sumergida en este patio como si hubieses naufragado dentro de nuestra vida. Bajo el laurel, entre las aspidistras de verdes hojas, anchas y románticas, por favor, no te vayas, no te vayas. Todo está preparado para ti. Quédate, por favor, y no te vayas. Tu fugaz triunfo sobre el nunca más, dime si lo recuerdas: necesito unas palabras con la clara y honda voz de tu ausencia. Pero te recoges, callada, en el pasado, un lecho de tristeza fulgurante. Así fuiste encerrándote, a lo largo de ocho meses, en el capullo de la oscuridad, y ahora, horrorizada por la luz, surge aleteando la furiosa, pálida mariposa de la muerte. Pero, si estás muriéndote, aún vives, y hago estallar la última alegría de tu rostro cansado y las pequeñas manos entre las mías. Y repito: estar muriéndote es vivir aún. De esta invernal mañana, amable y tibia, por favor, no te vayas, no te vayas. * * *