Un cuento

Un cuento

No digas nada, Joana, tan sólo escúchalo y no digas nada. Íbamos caminando en la lluviosa mañana por el pueblo adormecido, entrábamos despacio por una larga calle de adoquines que no llevaba hacia ninguna parte. Los niños nos llamaban con canciones para acercamos al canal, que viésemos su casa reflejándose en el agua. Te gustaba, ¿recuerdas?, ver a los niños. Al marchamos quedaban sus caritas pegadas al cristal, sus voces apagándose en el agua. Llegamos tarde. Demasiado. Tanto que siempre volveremos separados: ese es el precio por haber podido entrar dentro de un cuento. Y qué suerte encontrarte ahora aquí, de madrugada, convertida en patio: esto quiere decir que todo el tiempo estabas junto a mí en la oscuridad. * * *