Parada en las calle Velintonia

Parada en las calle Velintonia

Y bajamos la cuesta de la luz.

Era una tarde de marzo y el aire una caricia hilada del pasado, un susurro dorado que iba ardiendo en las copas acres, en las aceras de plomo, en los veleros perdidos por aquel mar naranja.

Supimos que otros hombres de otro tiempo distante de este sol que se deshace vinieron en tu busca en otro ocaso con la sola querencia de escucharte.

Y bajaron la cuesta de la luz.

Divisaron de lejos los postigos y los sauces naciendo sobre el muro; era también aquél un atardecer de marzo y en el aire danzaban las palabras, y tu verso latía entre las copas rojas, en las aceras de bronce, en los barcos llegados a tu puerto de acacias desde el mundo.

Tú estabas allí para aguardarles con tu mirada gris de tardes largas.

Y todos acudían a que oyeras sus sueños de papel y peregrinos.

Y bajaban la cuesta de la luz.

Ayer bajamos nosotros tu cuesta de la luz.

La puerta de la verja está oxidada.

Las acacias ahogadas en la tierra.

Los sauces ya crecieron y espumosos han vertido la niebla en tu jardín.

Sólo queda tu nombre en esta calle. Y subimos la cuesta de la luz.

De “Una interpretación” 2001 Ediciones Rialp S.A.