Anunciaron tu nombre las estrellas.
Sacamos nuestras galas al saber que venías.
Disfrazamos la casa de palacio, cubrimos nuestras mesas con los manteles de oro; quemamos varas de incienso en el salón, fuimos a pisar mil uvas en una tina de cobre, dulce baile.
Te esperamos cantando hasta las tantas, y de la noche llovió un susurro azul de vino; un lamento veloz que fue desbordando, triste, tu caudal.
Soñamos que llegabas, cansado de tan lejos, como una vez llegaste, siendo nosotros niños que esperaron esa mirada oscura perdiéndose en palabras, esos paisajes ocres que envolvían a los cielos marrones del invierno.
Pero no apareciste en varias noches y el viento se volvió de pronto frío, se encresparon cascadas en los valles.
Tu vino de la vida nos regó.
Acordamos lucir todas las galas.
Soñamos que llegabas, cansado de tan lejos, como una vez llegaste.
De “Una interpretación” 2001 Ediciones Rialp S.A.