Ve y coge una estrella fugaz; fecunda a la raíz de mandrágora; dime dónde está el pasado, o quién hendió la pezuña del diablo; enséñame a oír cómo canta la sirena, a apartar el aguijón de la envidia, y descubre cual es el viento que impulsa a una mente honesta.
Si para extrañas visiones naciste, vete a mirar lo invisible; diez mil días cabalga, con sus noches, hasta que los años nieven cabellos blancos sobre ti. A tu regreso tú me contarás los extraños prodigios que te acontecieron. Y jurarás que en ningún lugar vive mujer hermosa y verdadera.
Si la encuentras, dímelo, ¡dulce peregrinación sería! Pero no, porque no iría, aunque fuera justo al lado; aunque fiel, al encontrarla, y hasta al escribir la carta, sin embargo, antes que fuera, infiel con dos, o tres, fuera.
Versión de Purificación Ribes