Devuélveme mis ojos largamente descarriados, pues es ya mucho el tiempo que han estado sobre ti; mas ya que tales males allí han aprendido, tales conductas forzadas y apasionamiento falso, que por ti nada bueno pueden ver, quédatelos para siempre.
Devuélveme mi corazón inofensivo, que pensamiento indigno no podría mancillarlo, pero si el tuyo le enseñara a burlarse del amor; a quebrantar palabra y juramento, quédatelo, porque mío no será.
Pero devuélveme mi corazón, mis ojos, que pueda ver y conocer tu falsedad; que pueda reírme y gozar cuando te angusties, cuando languidezcas por aquel que no querrá, o, como tú ahora, falso sea. Versión de Purificación Ribes