La aparición

La aparición

Cuando por tu despecho, ¡oh inmoladora!, esté muerto, y libre te creas ya de todos mis asedios, vendrá entonces mi espectro hasta tu lecho y a ti, vestal farsante, en peores brazos hallará. Parpadeará entonces tu enfermiza llama, y aquel, tu entonces dueño, fatigado ya, si te mueves, o intentas despertarlo con pellizcos, pensará que pides más, y en sueño simulado te rehuirá, y entonces, álamo tembloroso, menospreciada, abandonada, te bañarás en gélido sudor de azogue, espectro más real que el mío propio. Lo que diré no he de decirlo ahora, no vaya eso a protegerte. Desvanecido ya mi amor, antes quisiera verte con dolor arrepentida que, por mis amenazas, inocente.

Versión de Purificación Ribes