A un amigo que me envió unas rosas

A un amigo que me envió unas rosas

Cuando ya tarde paseaba por los campos felices, A la hora en que la alondra sacude el trémulo rocío De su exuberante escondite de trébol; -cuando de nuevo Los bravos caballeros cogen sus abollados escudos: Vi la flor más linda que haya ofrecido la naturaleza silvestre, Una rosa almizcleña recién mecida por el viento; la primera en desprender Su fragancia al verano: crecía encantadora, Como si fuera el cetro que empuñara la reina Titania. Y mientras me regalaba con su aroma, Pensé en la rosa de jardín, con mucho superada: Pero cuando, ¡Oh Wells!, tus rosas llegaron a mí, Mi sentido con su exquisitez quedó presagiado: Dulces voces tenían, que con tierna súplica, Me susurraban sobre paz, verdad e invencible cordialidad.