Con su gran ojo, el sol no ve lo que yo veo. La luna, toda plata, orgullosa, pudiera ocultarse igualmente en una nube.
Y al llegar primavera -¡oh, primavera!- es la de un rey mi vida. Echada entre los brotes de la hierba, acecho a las muchachas bonitas en su paso.
Miro por los lugares donde no osara nadie y se fijan mis ojos donde nadie los fija, y si la noche viene, me cantan los corderos una canción de cuna. Versión de Màrie Montand