Cera votiva en Westminster Abbey

Cera votiva en Westminster Abbey

T.S.E.

Al marchitarse la rosa de la memoria se adueñaron del jardín la ortiga y la cizaña. Se vino abajo la pared. La verja se me quedó en las manos, quebradiza, y se volvió en el pozo fango fétido el agua fresca y dulce de otros días. Poeta de la edad de la penuria, descendió a los infiernos sin Virgilio. Ceniza, arena, arena fugitiva entregada a la muerte. Sobre la fosa, la rosa ardiente permanezca viva mientras desgarren zarpas de silencio la piel lívida del mar de horror. Augur, sus uñas se adentraron en la carne vacía de la noche. Los años pasarán, y hasta mis horas se agotarán también. Pero habrá tiempo para escribir palabras con sentido, palabras que revienten de sentido en cristal empañado y plata sucia. “Diario de un poeta recién cansado” 1985