(Oración gnóstica para las postrimerías)
Sólo roza mis labios el extremo del ala de aquél ángel terrible que fue mi compañero. Privilegio del légamo: ahora sé lo que espero de la rosa que muere, de la sal que desala.
Por mi pecho y mi vientre garra suave resbala hacia el sexo aterido, y de un golpe certero desbarata la dulce trabazón. Por entero desmenuza en la sombra la materia que tala.
Basílides, Marción, blasfemos pertinaces que pusisteis la nada por cimiento del mundo y al abismo arrancasteis -Valentín- la palabra.
Ángel de la carroña, que a zarpazos deshaces la rotunda bandera del amor moribundo. Rogad por mí al divino aguijón que me labra. “Diario de un poeta recién cansado” 1985