Marea baja

Marea baja

La lentitud del mar es un deseo de ser mar sin más, agua reposada que naufraga en sus limos y se empapa de perfumes adivinados, algas para anunciar el fin del día, sal para curar la herida de la luz, espuma donde el cuerpo del bañista gira y se desvanece en la distancia, mientras los tamarindos juntan sombra y el paseo envejece al paso de un viento que es más viento en lo que nunca es mar -calles y toldos, roca y cielo, rostros que cobran vida al olvidarse de sí mismos, pasos sin rumbo al caer de la tarde, lentos ojos anónimos que escuchan el rumor de las aguas y su oscuro reposo. Decir mar junto a este mar ajeno de septiembre es decir la respiración del tiempo, deseo igual a vida, quieto aliento de lo que nada busca y nada inquiere mientras el día se dispersa y las sombras regresan a sus cuerpos.

Ser este mar que se rehace. De “Lección de permanencia” Pre-textos Poesía 2000