Bajo la tela de la noche y sus linternas diminutas. La puerta abierta. La remetida claridad del cuarto tras las ventanas. La humedad en reposo de la tierra. Y el ruido de unos pasos en la grava que anuncian tu llegada, tu saludo abstraído, tu calor.
Imaginé esta escena alguna vez, antes de conocerte: hueco en el aire del deseo que tú ocupaste.
¿O fue, tal vez, que tú la imaginaste para mí, que me diste tu anhelo antes de hallarnos para arrimar a su temblor la común extensión de nuestras vidas? De “Lección de permanencia” Pre-textos Poesía 2000