I Aire de soledad, dios transparente que en secreto edificas tu morada ¿en pilares de vidrio de qué flores? ¿sobre la galería iluminada de qué río, qué fuente? Tu santuario es la gruta de colores. Lengua de resplandores hablas, dios escondido, alojo y al oído. Sólo en la planta, el agua, el polvo asomas con tu vestido de alas de palomas despertando el frescor y el movimiento. En tu caballo azul van los aromas, Soledad convertida en elemento.
II Fortuna de cristal, cielo en monedas, agua, con tu memoria de la altura, por los bosques y prados viajas con tus alforjas de frescura que guardan por igual las arboledas y las hierbas, las nubes y ganados. Con tus pasos mojados y tu piel de inocencia señalas tu presencia hecha toda de lágrimas iguales, agua de soledades celestiales. Tus peces son tus ángeles menores que custodian tesoros eternales.
III Doncel de soledad, oh lirio armado por azules espadas defendido, gran señor con tu vara de fragancia, a los cuentos del aire das oído. A tu fiesta de nieve convidado el insecto aturdido de distancia licor de cielo escancia, maestro de embriagueces solitarias a veces. Mayúscula inicial de la blancura: De retazos de nube yagua pura está urdido su cándido atavío donde esplenden, nacidos de la altura huevecillos celestes de rocío.
IV Sueñas, magnolia casta, en ser paloma o nubecilla enana, suspendida sobre las hojas, luna fragmentada. Solitaria inocencia recogida en un nimbo de aroma. Santa de la blancura inmaculada. Soledad congelada hasta ser alabastro tumbal, lámpara o astro. Tu oronda frente que la luz ampara es del candor del mundo la alquitara donde esencia secreta extrae el cielo. En nido de hojas que el verdor prepara esperas resignada el don del vuelo.
V Flor de amor, flor de ángel, flor de abeja, cuerpecillos medrosos, virginales con pies de sombra, amortajados vivos, ángeles en pañales. El rostro de la dalia tras su reja, los nardos que arden en su albura, altivos, los jacintos cautivos en su torre delgada de aromas fabricada, girasoles, del oro buscadores: lenguas de soledad, todas las flores niegan o asienten según habla el viento y en la alquimia fugaz de los olores preparan su fragante acabamiento.
VI ¡De murallas que viste el agua pura y de cúpula de aves coronado mundo de alas, prisión de transparencia donde vivo encerrado! Quiere entrar la verdura por la ventana a pasos de paciencia, y anuncias tu presencia con tu cesta de frutas, lejanía. Mas cumplo cada día, Capitán del color, antiguo amigo de la tierra, mi límpido castigo. Soy a la vez cautivo y carcelero de esta celda de cal que anda conmigo, de la que, oh muerte, guardas el llavero.