Todos los seres viajan de distinta manera hacia Su Dios: La raíz baja a pie por peldaños de agua. Las hojas con suspiros aparejan la nube. Los pájaros se sirven de sus alas para alcanzar la zona de las eternas luces.
El lento mineral con invisibles pasos recorre las etapas de un círculo infinito que en el polvo comienza y termina en el astro y al polvo otra vez vuelve recordando al pasar, más bien soñando sus vidas sucesivas y sus muertes.
El pez habla a su Dios en la burbuja que es un trino en el agua, grito de ángel caído, privado de sus plumas. El hombre sólo tiene la palabra para buscar la luz o viajar al país sin ecos de la nada.