Oda al invierno

Oda al invierno

El invierno es todo frutas y linternas Olvidadas y esqueletos santos de palomas En el bosque. El invierno besa, enamorado, Los labios gloriosos de la vid con sus labios De granizo, y se duerme sobre ella. El invierno puede venir un día, blandamente, Por el valle y, cual un fósforo en la mano, Llevarse una vida a su ciudad como un ladrón. El invierno enjoya al hombre tristemente, El invierno lava tumbas de monarcas Y mendigos, y corona el áureo y viejo otoño Con un rayo de ceniza en la cabeza. Respetad Al invierno, la antigüedad de sus plantas, Su cetro de rocío en la espesura; respetad Los rostros eternos de los árboles y el viento En su dominio, cuando cesa todo en torno Y él se inclina, carcomido y sonoro, como un piano En un estanque o como un muerto en una tumba. De “Reinos” Lima, 1945