y no podré jamás confundirme de puerta y a nunca equivocarme de rostro de tranvía comenzar el destino en la otra mano con una llave o un sombrero diferentes sin recorrer la misma duda y a la misma hora la misma calle con el mismo pie
no entrar de nuevo al cuarto de uno donde uno se espera y nunca sale esperando al teléfono llamadas de una voz que antes se escuchaba con el vientre noticias de ojalá el horóscopo para ayer que no acierta tampoco y se mira crecerle los adioses en la cara y no hay gillette para el recuerdo no hay jabón para lo sido lo cernido de las ruinas de uno mismo argamasa de la edad como un templo donde ya no sucede nada cierto y tantas moscas rondándome simple muñón de ti mi antes y en la mirada también queda lo sucio de estos dolores puesto su sucio a remojar a fondo
por lo menos con esto me distraigo me corrijo la vida como debió haber sido hago cuentas de cuánto debo irme para no estar conmigo en otra parte escondiendo analgésicas teorías olvidando soluciones criminalmente justas manuscritos de la tempestad al fin y al cabo con lo demás no hay cómo son las piedras honestas del que no fui y seguí siendo otras veces del que quise nacerme sin mancha de pasado y si remueven un poco me verían debajo echando una lagrimita por aquello atónitos con melanosis santos retorcidos por la sabiduría equilibristas con espasmo y catalepsia raquíticos hipertróficos enfisematosos lánguidos místicos agónicos esqueletos forrados de pergamino pardo esqueletos envueltos con mosquitero dos rodillas recuerdo de otra pierna dos dientes reliquia de la vieja religión en la mejilla De “Yo me fui con tu nombre por la tierra” 1964