ya se deja…
Ya se alargan las tardes, ya se deja despacio acompañar el sol postrero mientras él, desde el cielo de febrero, retira al río la ciudad refleja
de la corriente, sin cesar pareja -más todavía tras algún remero- a mí, que errante junto al agua quiero sentirme así fugaz sin una queja,
viendo la lentitud con que se pierde serenando su fin tanta hermosura, dichosa de valer cuando más arde
-bajo los arreboles- hasta el verde tenaz de los abetos y se apura la retirada lenta de la tarde.