Los primeros poemas de amor

Los primeros poemas de amor

1 En ellos uno escoge casi arbitrariamente un objeto cálido, apetecible, curvilíneo para fantasear sobre él

(a veces ni siquiera es preciso el objeto: impenetrables los caminos de Narciso).

No se habla del otro: se habla de la propia ansia del propio miedo del propio dolor. Autoindulgente campanero de cristal echando la vida al vuelo.

Más adelante se aprende, poco a poco a menudo con crujir de dientes y gustosas angustias y estrujones de corazón, la enorme distancia que separa un cuerpo de otro cómo a veces se salva en un instante cuán radicalmente es cada ser humano un infinito. Se llega a estar ante el otro como ante una patria remota. Dicho sea de paso lo antedicho no solamente ocurre con los poemas de amor.

2 He regresado a casa llevándote en los labios asediado en mi gozo por tus dedos de nata

He regresado a casa con tu calma en los brazos atropellándome algo en las lindes del pecho

Herido por la lluvia he regresado a casa he perdido mi sangre y he ganado la tuya

He regresado a casa con acrobacia fácil atónito del largo azar de tu caricia

He regresado a casa con tu cuerpo en los dedos me he cortado los brazos y tu cuerpo persiste afirmando en el tacto su trabazón de dicha Qué dulce riesgo ser ladrón de tu cintura

He regresado a casa en este país cálcico donde en los huesos crecen delgadas llamas negras

He regresado a casa y me he echado en la cama con un alba asesina que me roba los párpados

He regresado a casa sin regresar ausente y hasta el oxígeno dice la magia de tu risa

He regresado a casa desnudo por el aire Es más frágil el pecho que el hálito que alberga He nacido esta noche del collar de tu abrazo. (1979)