Para los médicos y médicas, enfermeros y enfermeras que la atendieron; para las mujeres que cocinaron y limpiaron para ella. *
“Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.” Alejandra Pizarnik
Tanto dolor escrito en este cuerpo. Tanta luz anegada en estos ojos claros. La rosa es sin porqué -ya lo sabías. El dolor nunca tiene para qué.
2 En el hospital el tiempo es otro tiempo. Sigue pautas distintas: leche caliente a las cuatro y a las once, desayuno a las nueve, tantos medicamentos en vasitos de plástico, tomar la tensión por la mañana y por la noche, visita de los médicos a las diez más o menos, la comida a la una, tan temprano… Lo que desaparece es la impaciencia. La habitación es un vagón de ferrocarril y el tren no va a llegar a su destino antes de tres semanas. Una visita ha observado que el Madrid que se ve desde este piso décimo es un óleo de Antonio López.
3 Después de lamitoxantrona orinas azul. Cerca agoniza un muchacho a quien han serrado la pierna en la cadera: cercenada pesaba treinta y cinco kilos, más peso que el resto de su cuerpo ahora. Un mesmerizador lo hipnotiza para que no quiera morir aunque se muere. Tú orinas un azul contiguo a esa agonía.
4 Estas enfermedades se llevan muchas cosas. Lo que queda me atrevo a llamarlo esencial. Por ejemplo: estás viva. Te amo.
5 El café con leche cuesta ochenta pesetas. El zumo de naranja natural, doscientas. Un litro y medio de agua mineral Cuesta ciento veinticinco. El tratamiento -que paga la Seguridad Social- de seis a ocho millones.
6 A veces he pensado que ya estabas muerta y yo vivía alguna vida sin ti, quizá con otra mujer. La libertad de un duelo. Me imagino releyendo los cuadernos de tu mano escritos con esa letra que tú juzgabas tan fea. Entonces me doy cuenta de que esa vida es un pozo seco que en realidad no imagino y no tendría que ver conmigo nada, nada.
7 De pie detrás de ti te rodeo la cintura con los brazos mientras te inclinas para lavarte la cara (esta mañana te desvaneciste y volviste luego con un minuto de terror sobre la lengua). Te sostengo para que no caigas, mi carne junto a tu carne. Mientras estamos así pienso en todas las veces que estuvimos así pero mi carne dentro de tu carne pero tu carne envolviendo mi carne.
Y de repente eres tú quien me estás sosteniendo para que yo no caiga.
8 Sueñas que queman por dentro a un caballo
y al día siguiente empieza la fiebre.
9 El tónico facial y la crema hidratante hasta con treinta y nueve grados. Hasta cuando eso representa más trabajo que el de la jornada en que más hayas trabajado en tu vida. Todo ese trabajo para salvar la tersura de la piel
salvar la vida y el mundo que hoy dependen de la tersura de la piel.
10 Un archipiélago de pequeñas estrellas de sangre sobre los muslos. Tienes sólo doce mil plaquetas hoy. Han bautizado a tus estrelIitas petequias.
11 Eres sagrada Tu orina huele mal eres sagrada Se te cae el hermoso pelo negro eres sagrada Las piernas no te sostienen eres sagrada Las heridas no cicatrizan eres sagrada Sin morfina no aguantas las llagas de la boca eres sagrada eres sagrada y por eso mañana baja la fiebre baja la fiebre azul empieza el día de tu restitución.
12 Ya pasó, ya pasó, y sólo quedan los chiquillos jineteando sus mountain-bikes en el baldío -más allá del aparcamiento, diminutos desde la planta décima- y esa gota de sangre sobre los cubiertos de plástico.
*NB: el autotrasplante de médula ósea salió bien y la paciente (con quien me había casado en diciembre de 1993 después de varios años de convivencia) goza de buena salud. Lo indico porque algún lector de estos poemas supuso- para mi sorpresa- un desenlace fatal: yo creía que el término restitución era suficientemente explícito. Para que la cosa quede clara, añado los dos poemas siguientes:
Hoy un día de febrero aterido de lumbre hasta los codos
has escapado otra vez al manto de ceniza al restregón del cáncer
dispones disponemos de un día más una semana más un año un día
pero no te equivoques: no se trata de un último día
nunca te dejes tutear por un tumor
este día ganado es el primero.
(1995)
Has ganado la punta de maldad que necesitan los buenos para ser auténticamente buenos.
Has ganado la pizca de obscenidad que necesitan las mujeres para ser auténticamente misericordiosas.
Has ganado la docena de escaleras, recámaras y dobles fondos que necesitan los cerebros para ser auténticamente imaginati- vos y precisos.
Has ganado un par de kilos, pero te sientan como a una diosa anterior a la era de las liposucciones.
El cambio, de un día a otro, es infinitesimal. Pero los días se van endeudando con semanas, las semanas imponen normas a los meses, los meses profieren rigurosas últimas advertencias contra los años, imperceptiblemente y sin claudicaciones
han pasado cuatro años y eres otra la metamorfosis se ha cumplido.
Cuando te introduces en la cama a las seis de la mañana después de haber trabajado toda la noche y quieres hacer el amor
desearía matarte desde luego, pero deseo mucho más
aunque me halle confuso como pez arrojado a la luz desde lo más hondo del sueño submarino hasta en tus pliegues más blancos y secretos follarte, amiga dulcísima, mientras va amaneciendo a trompicones en este barrio de cristianos bemeuves y glaciales céspedes ingleses que no hemos elegido y del que esperamos poder escapar pronto.
Has esquivado la baba de la muerte prendida a un hilo de risa y de miedo deslumbrante,
te has ganado la vida los días en que la vida era tormento y también aquellos en que era juego,
estás aquí, intacta y recreada, inconcebible e inconfundible, espejeante en la fuerza algebraica del deseo, en el exacto esplendor de la metamorfosis.
¡Pero qué guapas sois las chicas morenas con los ojos claros!
Eres mi mujer
y estoy tan orgulloso que tenía que escribir este mensaje para regalártelo, fax mediante, el 17 de diciembre de 1994.