1 Está aquí. Arráncate la piel para asomarte al río más profundo.
Hermosa, hermosa, hermosa, engalanada solamente con su fugacidad.
Toda la luz del mundo excava esta caricia, revienta en este fruto.
2 Pero mis ojos engendran en tu piel. Mis ojos escriben semillas sobre la luz de tu cuerpo.
En este mundo hay demasiada muerte para que durmamos en lechos distintos.
Mirarte es un retorno interminable. 4 Ven. Acércate hasta que tus fértiles pestañas me rocen la mejilla. Entra despacio con la lengua en mi boca, dame de beber de tu saliva, aplácame la explosión de los labios con los dedos. Ven. Tú estás hecha para mis ojos y mis manos, igual que yo estoy hecho para el vértigo de tus manos y tus ojos. amor, qué sinsentido hablar de la verdad lejos de tu piel o fuera de tu aliento.
6 Un torrente de tiempo o un remanso debajo de la piel.
Angustia parsimoniosamente respirando entre cuatro paredes.
Al besarte, entreabierto, siempre un fulgurante panal de intimidad.
Y la oscura herida fascinante de tu sangre menstrual rememora la promesa de las estaciones.
7 Tu testarudez, que te vuelve inmune al soborno. Tu impaciencia, que te hace tan difícil resignarte. Tu risa a destiempo abriendo ventanas y cerrando heridas en el espeso tiempo del horror. Tu sensualidad, alimentada por una nube igual que por un beso. Tu inconstancia incompatible con la mentira y con el dogma. Tu imprevisibilidad, palabra con que calumnio una libertad más ágil que mis sueños. Tu puerilidad por la inocencia imposible y verdadera que te brilla en los ojos.
Debajo de este roble de la Holteistrasse amo todos tus vicios.
8 Al besarme en la boca me entregas un aliento que viene de tu madre y de la madre de ésta y de la madre de ésta y la cadena carnal se pierde hacia el origen del amor y del pánico.
Ese aliento lo ignoran a veces hasta los pulmones por no hablar de tú y yo Me desgarra los labios la dulzura acre de la libertad.
9 Una vinculación. Amo los cuerpos donde el sudor y el tiempo echan raíces, la oscura explosión carnal del compasivo, el doloroso golpe en los riñones de la fraternidad. Te amo vinculada, apegada a tu sangre, solidaria en los fuertes tendones de tu cuello, vertical en la tierra como un árbol cuyo peso fuese ya meditación.
Amo los cuerpos donde el sudor y el tiempo echan raíces.
10 Apoyo la boca contra la boca que es tu sexo y grito porque la soledad de multitudes de repente es mi cuerpo. Y hoy que podría jugarme a cara o cruz una moneda con el mismo sol, hoy que un otoño orgulloso pastoreaba robles, hoy que se amaban sirenas y campanas -hoy acaso tampoco voy a ser capaz de besarte en los labios tierra arada, musgo, espuma marina, cobre, potros desbocados y los labios unánimes de todas las mujeres. Mas no te debo menos ni me debo yo menos.
12 Solamente por ti he tropezado mil veces con hogueras duras como el cristal de la memoria, me he enredado en ovillos que eran selvas sañudas, he robado su infancia a los imanes. He luchado con mirlos por un grano. He remontado fluviales corazones. Por ti he dudado del sol y de mi historia, he olvidado quien no soy, he crecido más alto que mi sombra, he tallado bondad sin consecuencias. Por ti que vales mucho más que yo y que no vales siquiera una hoja de olivo.
19 Sin ti puedo escribir versos. sin ti puedo pasear. Puedo recoger hojas secas. Puedo leer. sin ti puedo admirar un crepúsculo prusiano que me recordará la Sierra de guadarrama y puedo cocinar, eso sí, con pocas especias.
Sin ti no puedo respirar un segundo. Sin ti la sangre en las venas es aterida pasta de silencio. Sin ti la luz se pudre. Sin ti no hay mundo.
23 “Soledad tengo de ti, tierra donde yo nací.” Gil Vicente
Soledad tengo de ti.
Te amo en un mundo donde el tormento nutre.
En los versos se clavan astillas, sólo astillas:
atisbos de una vida más profunda, más lenta, más amarga, más limpia.
soledad tengo de ti, amor, desde que nací. soledad tengo de ti.
28 Con un beso desprendes mis párpados de ceniza.
El oro de tu piel desnuda.
Tu cuerpo es el centro de este valle Este valle es el centro de tu cuerpo.
29 Entre tu vientre y tus senos beso la incandescencia del mundo.
Obrero en las mejillas, temblor de rodillas duras, rico en retornos.
No hay retroceso posible después de haberte amado.
30 Cuando el rompecabezas del amor está completo me encuentro con que no obstante ha sobrado un montón de piezas.
Y de tanta alegría tengo que besarte en los hombros.