Somos el uno para el otro, ¡mujer! Nuestros corazones se encuentran en la misma palabra del libro que leemos, va nuestra mano trémula, en busca de una misma rosa.
A veces no me atrevo a mirarte pues tus ojos límpidos no soportarían el resplandor que me ciega. Y de repente nuestros labios se juntan y no los separa ni el rayo.
Y nuestra propia muerte tiene que esperar hasta que nuestros cuerpos den paso a cualquier otro designio.