…tal soy llevado al último suspiro de mi vida Anónimo. Siglo XVII
Que fácil es vivir: un ascenso continuo sin que nos turbe el viento, la llovizna, las hojas que mueven dulcemente los aires del camino, e impasibles seguir la cuesta rumorosa.
Que fácil es vivir: marchar siempre adelante dejando los jirones del sueño entre las zarzas; no regresar al sitio donde el trino de un ave traspasaba la luz virgen de la mañana.
Que fácil es vivir: no beber del arroyo que calmaba mi sed y contuvo sus labios; no hallar entre su linfa nuestro antiguo contorno y amar más lo presente que todo lo pasado.
Que fácil es vivir: si al galope del transcurso los árboles amados cayeron en el bosque, no indagar por los nidos, ni buscar el dibujo que en su tronco trazamos de nuestros corazones.
Que fácil es vivir: no tornar las pupilas para ignorar dónde cayeron nuestras lágrimas, callar que a nuestro paso quedan sólo cenizas, cenizas de minutos, de besos, de manzanas.
Que fácil es vivir: no vagar en la noche solo, bajo las frondas, mientras cae la lluvia con un verso insistente en los labios o un nombre de mujer que tal vez no conocimos nunca.
Que fácil es vivir: decir súbitamente “Cuan tibia está mi casa” “qué hermosos mis caballos” mostrar como los trigos y los honores crecen y saber desde ahora qué viene cada año.
Que fácil es vivir: no perder un instante tendido sobre el césped contemplando las nubes ni extasiarse mirando la estrella de la tarde mientras del campo suben las sombras y el perfume.
Que fácil es vivir: tallar el pensamiento como frío diamante y hacer de las facetas puras de la razón, un conjunto perfecto más por número y orden que por su iridiscencia.
Que fácil es vivir: buscar solo la luna cuando es noche de luna. Y la perla y la rosa tenerlas en la mano. Desechar la locura de ambicionar las gracias perdidas o remotas.
Que fácil es vivir: deshacer las estatuas de sal que alzó el recuerdo a espaldas de la vida. No dar un paso atrás. Ni una simple palabra repita cuanto ayer pudo ser nuestra dicha.
Que fácil es vivir: llegar a lo más alto de la vida y mirar la prometida tierra, y ver por fin, o vida, los soles del ocaso dorar las yertas torres donde la muerte espera.