Mujer cerrada

Mujer cerrada

Plena mujer. La siesta diluía, en sus huesos de flauta melodiosa, frutos y miel. La arteria rumorosa bajo la piel sus cálices corría.

Un zumbido de abejas circuía sus oídos. El vaho de la rosa, la movible nariz, en mariposa de alillas agitadas convertía.

Se desvelaba el sueño entre su frente cuando el ala del lino le rozaba el cuerpo de pereza y de serpiente.

la sangre la mordía, y si lloraba, virgen de abrazos, yerma de simiente, con besos de sí misma se besaba.