Narciso

Narciso

Ojos de mar y senos como olas; largos muslos de río, y cabellera fluvial bajo la espalda, ella era toda de agua y líquidas corolas.

buena para la sed; y verdes colas de sirena cruzábanle la esfera de la pupila; el sueño se volviera delfín para gozar su amor a solas.

Sexo y canción, yo estuve de rodillas, doblado, como un junco, aún me veo sobre sus transparentes maravillas.

El agua se entreabrió y un aleteo de cristales cruzó por sus orillas y allí cayeron cántico y deseo.