Salmo de la triste desposada

Salmo de la triste desposada

“Narrabo omnia mirabilia tua”. David, Psalmo IX-2

Por la dulzura que hallaste en mi soledad te alzaré de los hombros con mi voz de colmena abandonada.

Arrancaré de tus dedos todo lo que te encadena, todo signo que oscurezca tu piel y no habrá más sortijas que tus venas.

Entonces vendrás a mí tan nueva como si nunca hubieras sentido peso sobre tus hombros.

Y empujaré tu sangre hacia atrás para verte de quince años y comiendo cerezas.

Yo soy el que tú, de niña, habías oído navegar entre los caracoles.

El que refería cuentos de azúcar a las naranjas cuando volvías de jugar al aro.

el que hacía los sueños de lino y ángeles sobre las sábanas limpias.

El que en el día de tu primer espanto puso amapolas en tu lecho.

Yo aún no era poeta pero los naranjos ya tenían idea del azahar; y pensaba:

«Cuando te encuentre te seguiré buscando día a día.

te besaré a distinta hora para cambiar la llegada de la noche.

Abandonarás tus ropas con olor de mujer sobre los surcos para que la tierra sepa que ha de florecer.

Cuando sea el tiempo de las orquídeas, las prenderé de tu pelo y tus orejas pequeñitas confundirán la cosecha.

Comeremos frutas silvestres y andaremos descalzos para que nos sepan los labios a rocío.

No entraremos a las ciudades y a los templos para que no haya hechura de hombre entre la piel y Dios.

Serás el regreso para aquel hijo mío que está perdido desde el principio del mundo.

Cuando acunes los brazos y te doble el arrullo el mimbre pensará que sobra en las riberas.

Y tu blancura propiciará la onda donde el molino sueña la flor de sus harinas.

Y cuando haya necesidad de velar por el cocimiento del pan me llenarás la boca de granizo para apagar los besos.

Escamparás la lluvia dentro de un caracol y mi mano cogerá tu canción y la alzará a mi oído.

Te arrojarás al fondo de los ríos para pasar sin caer de una nube a otra.

Hundirás las manos en la tierra llovida para indicar el sitio de los lirios.

El primer día que cantes talaremos los árboles porque ese día serán inútiles los nidos.

Y al oír tu voz se verán defraudados los panales y no creerán más en las abejas».

Esto te lo digo yo. Ahora escucha esto que sí te digo yo.

Canta, hasta que sientas que te duelen los párpados.

Piénsame, hasta que el sueño te vaya llenando de golondrinas.

Suéñame hasta que la noche tenga que refugiarse en las campanas.

Quiéreme, hasta que los ojos se te llenen de lágrimas.

Llora, hasta que las lágrimas hagan huir los pájaros.

Llámame hasta que crezcan espinas en mi oído.

Espérame hasta que los peces se hayan bebido todos los ríos y canten.

Porque un día ha de ser.