siempre…
Siempre vuelve un rostro, siempre en el chubasco que cae repentino, en las islas de las nubes.
Silencioso se asoma un obscuro sol en las ventanas. Tu hermana lo retiene un momento entre los dedos y luego las manos vacías recorren muros blancos con sus sombras.
Siempre por el patio asomas a buscar el rostro de alguien. Un chasquido se oye: es un chubasco o un fantasma de un niño que vivió aquí hace tiempo y vuelve a escuchar como la madre lee a su hijo.
Un rayo de sol ha quedado encerrado en el rellano de la escalera el sueño hace señas con su linterna el sueño nos despierta
y la voz de la hermana cruza entre las nubes la hermana que no conocimos.
De “En el mudo corazón del bosque” 1997