(La inclemencia del verbo)

(La inclemencia del verbo)

Como un hilo, un ovillo, una madeja, una débil corriente infructuosa busca un final que el principio no sea. Como una nube en nube convertida que amenaza un diluvio y no concluye, como un amor en desamor marchito que sólo entrelazara los dedos y no manos, la palabra se usa, se atormenta, derrama y no suena a sonido convincente. Sobre la mesa crece y se desborda entre dientes agudos y brillantes. Sólo la espuma queda, el resto es aire.