Digo: comience el sendero a serpear delante de la casa. Vuelva el día vivido a transportarme lejano entre los chopos.
Allí te esperaré.
Me anunciará tu paso el breve salto de un pájaro en ese instante fresco y huidizo que determina el vuelo, y la hierba otra vez como una orilla cederá poco a poco a tu presencia.
Te volveré a mirar, a sonreír desde el borde del agua. Sé lo que me dirás. Conozco el soplo de tus labios mojados: tardabas en llegar. Y luego un beso repetido en el río.
De nuevo en pie siguiendo tu figura regresaré a la casa lentamente cuando todo suceda.