Se estremeció al contacto de las manos y ofrecía su cuerpo al alfarero que ella siempre anheló: primero el rostro después el talle luego las rodillas.
¡Oh sí! Mujer de barro que se vuelve cántaro de aguamiel vasija húmeda copa de vino para los desmayos maceta de albahaca taza honda
cáliz de olor jofaina regalada pila bajo la fuente perdurable lamparilla de aceite que alumbrara
noches sin sueño y páginas de un libro que está por escribir. ¡Oh sí; ser barro! Barro que ha descubierto a su alfarero.