Todo fue muy sencillo: ocurrió que las manos que ella amaba, tomaron por sorpresa su piel y sus cabellos; que la lengua descubrió su deleite. ¡Ah! detener el tiempo! Aunque la historia tan sólo ha comenzado y sepa que la noche le es propicia, teme que con el alba continúe su sed igual que siempre. Ahora el amor la invade una vez más. ¡Oh tú que estás bebiendo! Apiádate de ella, su garganta está seca, ni hablar puede. Pero escucha su herido, respira la agonía de un éxtasis y el ruego: ¡no te vayas, no, no te vayas. ¡Quiero beber yo!