Es fruto agraz al paladar y sedoso para los labios que han conocido su contorno y percibieron la afluencia.
Ella jugaba aquella noche cautivada por la ternura de una voz que a su decisión sólo dijo: si tú lo quieres…
Ahora le obliga a que la mire, para que vea lo que es suyo y lo que luego ha de perder cuando se aparte de sus ojos.