No sabía decirlas, no podía; porque jamás las pronunciará antes, juntas así. La angustia la mataba, imposible aguantar aquel anhelo que era dolor cruel de tan agudo. Y las palabras nunca dichas fueran el único remedio en aquel trance que alteraba su cuerpo: de la piel, hasta lo más profundo. Con voz rota ella pide: ¡oh tú, por caridad ayúdame a decirte que… Palabras.