Triste es el territorio de la ausencia.
Sus horas son engaño desfiguran ruidos olores y contornos y en sus fronteras deben entenderse las cosas al revés.
Así el sonido del timbre de la entrada significa que no vas a llegar una luz olvidada en el piso de arriba es símbolo de muerte de vacío en tu estancia rumor de pasos cuentas que te fuiste y el olor a violetas declara el abandono del jardín.
Y en ese mundo ¿qué debí hacer yo príncipe derrotado rey mendigo sino forzar mis ojos para que retuvieran aquel inexpresable color miel suave y cambiante de tus cabellos?
De “Final de un adiós”