Poema del amor pequeño

Poema del amor pequeño

Fue breve aquella noche. Fue breve, pero bella. Poca cosa es el tiempo, que es también poca cosa, porque nadie ha sabido lo que dura una estrella aunque todos sepamos lo que dura una cosa.

Nuestro amor de una noche fue un gran amor pequeño que rodó por la sombra como un dado sin suerte, pero nadie ha sabido lo que dura un ensueño aunque todos sepamos lo que dura la muerte.

Una noche es eterna para el que no la olvida, y el tiempo nada importa para el sueño y la flor, y, como nadie sabe lo que dura la vida, nadie sabe tampoco lo que dura el amor.

Poema del desencanto

Y comenzamos juntos un viaje hacia la aurora como dos fugitivos de la misma condena. Lo que ignoraba entonces no he de callarlo ahora: No valías la pena.

Ya llegaba el otoño, y ardía el mediodía. Sentí sed. Vi tu copa. Pensé que estaba llena, pero acerqué mis labios y la encontré vacía. No valías la pena.

Te di a guardar un sueño, pero tú lo perdiste, o acaso abrí mis surcos en la llanura ajena. Es triste, pero es cierto. Por ser tan cierto, es triste: No valías la pena.

Fuiste el amor furtivo que va de lecho en lecho, y el eslabón amable que es más que una cadena. Pero hoy puedo decirte, sin rencor ni despecho: No valías la pena.

Me alegré con tu risa; me apené con tu llanto, sin pensar que eras mala ni creer que eras buena. Te canté en mis canciones, y, a pesar de mi canto, no valías la pena.

Me queda el desencanto del que enturbió una fuente, o acaso el desaliento del que sembró en la arena. Pero yo no te culpo. Te digo, simplemente: No valías la pena.