Aquel vientre era para ser observado con lupa, pues bajo el cristal cada pequeño pliegue, cada rugosidad se hacía multiplicado labio.
El amor, demasiado brutal, jamás repararía, el petulante de la viril pasión que el aire agota de un solo trago inútil jamás repararía.
Mas nosotros, mi amiga, analicemos con la frialdad habitual a la que sólo el poema se presta la difícil pasión de lo menos visible.