Cae la noche. El corazón desciende infinitos peldaños, enormes galerías, hasta encontrar la pena. Allí descansa, yace, allí, vencido, yace su propio ser.
El hombre puede cargarlo a sus espaldas para ascender de nuevo hacia la luz penosamente: puede caminar para siempre, caminar… ¡Tú que puedes, danos nuestra resurrección de cada día!
“Poemas a Lázaro” 1960