Cerqué, cercaste, cercamos tu cuerpo, el mío, el tuyo, como si fueran sólo un solo cuerpo. Lo cercamos en la noche.
Alzose al alba la voz del hombre que rezaba.
Tierra ajena y más nuestra, allende, en lo lejano.
Oí la voz. Bajé sobre tu cuerpo. Se abrió, almendra. bajé a lo alto de ti, subí a lo hondo.
Oí la voz en el nacer del sol, en el acercamiento y en la inseparación, en el eje del día y de la noche, de ti y de mí. Quedé, fui tú. Y tú quedaste como eres tú, para siempre encendida.