Al amanecer, cuando la dureza del día es aún extraña vuelvo a encontrarte en la precisa línea desde la que la noche retrocede. Reconozco tu oscura transparencia, tu rostro no visible, el ala o filo con el que he luchado. Estás o vuelves o reapareces en el extremo límite, señor de lo indistinto. No separes la sombra de la luz que ella ha engendrado.