El fulgor

El fulgor

XXVI

Con las manos se forman las palabras, con las manos y en su concavidad se forman corporales las palabras que no podíamos decir. XXXIII

Ya te acercas otoño con caballos heridos, con ríos que rebasan el caudal de sus aguas, con sumergidos párpados y vientres sumergidos, con jardines que bajan descalzos hasta el mar.

Ya llegas con tambores enormes de tiniebla, con largos lienzos húmedos y manos olvidadas, con hilos que deshacen en aire la mañana, con lentas galerías y espejos empañados, con ecos que aún ocultan lo que ha de ser voz.

Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros desciende oscuro al fondo oscuro de tu luz.

XXXVI

Y todo lo que existe en esta hora de absoluto fulgor se abrasa, arde contigo, cuerpo, en la incendiada boca de la noche.