La mujer estaba desnuda...

La mujer estaba desnuda…

La mujer estaba desnuda.

Llegó un hombre, descendió a su sexo. Desde allí la llamaba a voces cóncavas, a empozados lamentos. Pero ella no podía bajar y asomada a los bordes sollozaba.

Después, la voz, más tenue cada día, ya se iba perdiendo en remotos vellones.

La mujer sollozaba.

Tendió grandes pañuelos en las lámparas rotas.

Vino la noche.

Y la mujer abrió de par en par sus inexhaustas puertas.