El hombre despojóse de sí mismo, también del cinturón, del brazo izquierdo, de su propia estatura.
Resbaló la mujer sus largas medias, largas como los ríos o el cansancio.
Nublóse el sueño de deseo. Vino ciego el amor batiendo un cuerpo anónimo. De nadie eran la hora ni el lugar ni el tiempo de los besos.
Sólo el deseo de entregarse daba sentido al acto del amor, pero nunca respuesta.
El humo gris. El abandono. El alba como una inmensa retirada. Restos de vida oscura en un rincón caídos. y lo demás vulgar, ocioso. El hombre púsose en orden natural, alzóse y tosió humanamente. Aquella hora de soledad. Vestirse de la víspera. Sentir duros los límites. Y al cabo no saber, no poder reconocerse.