No quiero más que estar sobre tu cuerpo como lagarto al sol los días de tristeza.
Se disuelve en el aire el llanto roto, al pie de las estatuas recupera la hiedra y tu mano me busca por la piel de tu vientre donde duermo extendido.
El pensamiento melancólico se tiende, cuerpo, a tus orillas, bajo el temblor del párpado, el delgado fluir de las arterias, la duración nocturna del latido, la luminosa latitud del vientre, a tu costado, cuerpo, a tus orillas, como animal que vuelve a sus orígenes.