Luego del despertar y mientras aún estabas en las lindes del día yo escribía palabras sobre todo tu cuerpo.
Luego vino la noche y las borró. Tú me reconociste sin embargo.
Entonces dije con el aliento sólo de mi voz idénticas palabras sobre tu mismo cuerpo y nunca nadie pudo más tocarlas sin quemarse en el halo de fuego.