Siete cantigas de más allá

Siete cantigas de más allá

I Amarillea amargo el tiempo y no hay tiempo para más desdecir la muerte.

Marinero que llevas la barca del pasar, el pájaro en la jarcia dice aún su cantar.

Lo escucho más allá del tiempo.

II Anhelo.

El verbo crea el movimiento de la luz en el fondo de las amargas aguas.

Mañana, no poses todavía tus pájaros dorados sobre mi pecho herido.

III Escucha, madre, he vuelto. Estoy en el atrio donde aquel día el gran cuerpo de mi abuelo quedó. Aún oigo el llanto.

Volví. Nunca había partido.

Alejarme tan sólo fue el modo de quedar para siempre.

IV El verbo.

Recomponer el mundo para ir añadiendo sobre una muerte otra hasta alcanzar el tiempo que se va por el ojo de la luz del puente.

Banderas sumergidas. Noche y soledad. Palpita el verbo.

V Cerqué, cercaste, cercamos tu cuerpo, el mío, el tuyo, como si fueran sólo un solo cuerpo. Lo cercamos en la noche.

alzose al alba la voz del hombre que rezaba.

Tierra ajena y más nuestra, allende, en lo lejano.

Oí la voz. Bajé sobre tu cuerpo. Se abrió, almendra. Bajé a lo alto de ti, subí a lo hondo.

Oí la voz en el nacer del sol, en el acercamiento y en la inseparación, en el eje del día y de la noche, de ti y de mí. Quedé, fui tú. Y tú quedaste como eres tú, para siempre encendida.

VI

Fomos ficando sós o Mar o barco e mais nós. Manoel Atonio.

Despiértate en la tarde.

Fuimos un modesto fenómeno de antaño.

Ahora se echa el viento, hermano.

No sé si fuimos. Pues así quedamos olvidados de nosotros, vacíos ya enteramente de nosotros y sea éste al fin para nosotros el solo tiempo de la verdad.

VII Palidecen los sueños, cae la noche en la noche. Ya no hay luz que no sea la blancura de tus senos.

Aíslame en el hálito.

Que pueda oír aún, como Alexander Blok, el chillido de las galaxias cuando brille en el cielo la encendida cola del cometa Halley y cuando todas las señales del fin hayan sido juntadas. Vamos hacia la tarde, amor, del siglo sin saber si aún habrá ventura saecula o si el rostro del enigma no será nuestro rostro en el espejo y si todas las palabras no se habrán, sin saberlo nosotros, por sí mismas cumplido.

De “Siete cantigas de más allá”