Me la encontré de pronto. Dije: ¡Rosa! ¿Por este corazón tú nuevamente? Tú, la Rosa de siempre inesperada, la dolorosa Rosa por quien vivo, (espiando la hermosura por si en ella vas ignorada, vas como las nubes o la belleza por la noche, mientras nosotros en el sueño. Así, de pronto. ¿Cómo esperar de pronto que en septiembre ocupado en las cosas de septiembre, en esperar la lluvia, arar el campo o fatigar el monte, tú vinieras, tan alegre diciendo: José mío, si vieras qué hermosura de viaje?