Luz de luna (Segunda versión corregida)

Luz de luna (Segunda versión corregida)

como la onda) Shakespeare

Ella estaba con él… A su frente Tan bella y tan pálida, Penetrando a través de los vidrios De la antigua ventana De la luna distante venían Los rayos de plata. El estaba a sus pies. De rodillas Mirando las vagas Visiones que cruzan en horas felices Los cielos del alma. Con las trémulas manos asidas, Con el mudo fervor de quien ama, Palpitando en los labios los besos, Entrambos hablaban El mudo lenguaje Sin voz ni palabras En que, en horas de dicha suprema, Tembloroso el espíritu habla…

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El silencio que crece… la brisa Que besa las ramas Dos seres que tiemblan… la luz de la luna Que el paisaje baña. ¡Amor, un momento, detén allá el vuelo, Murmura tus himnos y pliega las alas!

Unos meses después él dormía Bajo de una lápida Ese sueño del cual nadie vuelve El sueño postrero de paz y de calma. Anoche una fiesta Con su grato rumor animaba De ese amor el tranquilo escenario En la risueña casa Que escuchó sus promesas de amores Promesas sagradas! Allí estuvo cual nunca de bella… Por el baile tal vez agitada Se apoyó levemente en mi brazo, Dejamos las salas Y un momento después penetramos En la misma estancia Que un año antes no más la había visto Temblando callada En los brazos de un hombre querido… Las nocturnas auras Con los rayos de luna venían Y al través de la reja llegaban Entre vasos de niebla trayendo Los perfumes de flores lejanas. En un vidrio de la hoja entreabierta Muy cerca brillaban Con trémula luz diamantina Unas líneas raras… Miré lentamente Las cifras extrañas! Aún me parece En aquella actitud contemplarla! Las cifras aquellas… sus nombres En letras grabados Por la mano de aquél que hace un año De la tierra en el seno descansa, Por la mano de aquél que hace un año En el mismo lugar la besara..

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Aroma de nardos, Risueñas canciones lejanas, Cariñosos recuerdos que vibran Cual sones de un arpa Rumores perdidos, Del amor que en sollozos estalla, Calor de sus besos, ¿Porqué no volvisteis a su alma?… A su pecho no vino un suspiro, A sus ojos no vino una lágrima, Ni una nube cruzó aquella frente tan bella y tan pálida, Y mirando los rayos de luna Que al través del follaje filtraba Murmuró con su voz argentina ¡Qué noche tan clara!

Junio 6 de 1883