Tiene instantes de horribles amarguras la sed de idolatrar que al hombre agita, del Supremo Señor la faz bendita ya no sonríe del cielo en las alturas.
¡Qué poco logras, Fe, cuando aseguras término a su ansiedad que es infinita y otra vida después, do resucita y halla en un mundo mejor, horas más puras!
Sin columna de luz, que en el desierto guíe su paso a punto conocido continúa el crüel peregrinaje,
para encontrar en el futuro incierto las soledades hondas del olvido tras las fatigas del penoso viaje.