Marchitas ya las juveniles flores, nublado el sol de la esperanza mía, hora tras hora cuento y mi agonía crecen y mi ansiedad y mis dolores.
Sobre terso cristal ricos colores pinta alegre tal vez mi fantasía, cuando la triste realidad sombría mancha el cristal y empaña sus fulgores.
Los ojos vuelvo en su incesante anhelo, y gira en torno indiferente el mundo, y en torno gira indiferente el cielo.
A ti las quejas de mi mal profundo, hermosa sin ventura, yo te envío: mis versos son tu corazón y el mío